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El Hospital de Clínicas fue escenario de un momento muy emotivo, la entrega del alta médica a Ana María Morales, de 47 años, quien en el año 2008 fue diagnosticada de Leucemia mieloide aguda y parálisis, y luego de seis años, aferrada a su fe cristiana y entregada a la labor médica, hoy se encuentra totalmente recuperada de aquella difícil enfermedad.
“Realmente fue un caso muy grave, la paciente ingresó con una palidez marcada de piel y mucosa con sangrado en todos los sitios y una paraplejia porque los sangrados que se producían por la patología le produjeron un hematoma en la columna que le comprimió la médula y eso hacía que no pueda movilizar los miembros inferiores”, mencionó la Dra. María Elida Centurión, Hematóloga Clínica del Hospital.
El informe médico indica que el tratamiento duró tres años aproximadamente, seguido de estrictos controles periódicos; han pasado siete años del inicio del tratamiento, y tras los controles y estudios citogenéticos y moleculares, se demuestra que no existe rastro de la enfermedad.
Parte del testimonio de los difíciles momentos que le tocó atravesar, Ana María Morales recuerda que a sus hijas les habían dicho que no pasaría más de 24 horas, debido a la excesiva pérdida de sangre por todos lados, pero a pesar de ello se aferró a Dios, a Chiquitunga y con la ayuda de los médicos del Hospital de Clínicas, hoy se encuentra completamente curada de la leucemia. Explicó que la enfermedad se le manifestó de manera repentina; ella es masajista y empezó a perder fuerzas y dejó de caminar.
“Antes que nada me aferré a Dios y a la Chiquitunga, mi fe me sanó; por otro lado la ciencia médica y los médicos del Hospital de Clínicas, que procuraron mucho por mi recuperación. Estoy muy agradecida y arriba la medicina paraguaya, ya que no necesité salir del país para sanarme de la leucemia”, refirió la paciente.
Sobre el contexto de la religiosidad, los especialistas explican que la paciente es una persona muy carismática y religiosa, por lo que además se atribuye que hubo una ayuda celestial para su cura, ya que la misma presentaba un cuadro grave y difícil, con nulas probabilidades de volver a caminar, pero a pesar de eso su lenta pero progresiva recuperación se manifestaba como algo milagroso.
“Los profesionales aplicamos todos los conocimientos científicos en estos tipos de casos, pero también decimos que Dios es el que nos ilumina, nos guía y nos da la fuerza para que todo vaya bien”, concluyó la hematóloga.





Fuente: La Nación

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